24 oct
2017

En las entrañas de Zorita: así se desmantela una central nuclear

En la próxima década, la energía nuclear se enfrenta a un nuevo desafío: el desmantelamiento en todo el mundo de cientos de centrales que superarán los 40 años de vida. Hasta la fecha, en España solo se han realizado dos desmantelamientos: Vandellós I (Tarragona) y José Cabrera (Guadalajara), la conocida como central de Zorita, un proceso que comenzó en 2010. A estos dos casos se unirá próximamente el de Garoña (Burgos), cuyo desmantelamiento fue anunciado por el Gobierno el pasado 1 de agosto.

Con estos antecedentes, la planta nuclear de Garoña ya se mira en el espejo de la central de Zorita. Al ser del mismo tipo (de agua ligera), tendrá un desmantelamiento total e inmediato, similar al de José Cabrera, según responsables de Enresa, empresa pública que gestiona los residuos radiactivos. En Vandellòs I, en cambio, al ser de grafito, se realizó un desmantelamiento en diferido, ya que todavía está el cajón del reactor sellado a la espera de cumplir el periodo de latencia para su desmantelamiento total. “Las tareas de desmantelamiento son un traje a medida para cada central”, explican desde Enresa.

Además, los tipos de desmantelamientos se dividen asimismo en varias fases. La primera de ellas es la retirada del combustible nuclear gastado. Esto se ve en Zorita, donde hay junto al edificio del reactor un almacén temporal individualizado (ATI) en el que está el combustible —uranio en su mayoría— depositado en unos bidones de grandes dimensiones (unos cuatro metros de alto por 2,5 metros de diámetro). Una zona que para quien pasa cerca, transmite una sensación de un contenido de alta peligrosidad. No tanto por su aspecto, pero sí por las medidas de seguridad que lo rodean: cuenta con varias vallas que impiden el paso a unos 300 metros y está protegido por operarios de una empresa de seguridad. En la central de Garoña ya se construye uno similar.

Estos procesos tienen tres niveles posibles. El primero de ellos, consiste en sacar el combustible nuclear gastado y dejar la central en vigilancia. En el segundo —el que se aplicó en Vandellòs I—, se retiran los edificios, sistemas y equipos externos al cajón del reactor, que se mantiene sin el combustible y se sella durante un periodo de 25 años. Por último, el nivel 3 de desmantelamiento contempla la retirada de los elementos convencionales y radiológicos, la descontaminación de los edificios y su demolición, para que el terreno quede de la forma más parecida posible a cómo eran antes.

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Fuente: El País

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